Aquel chico del casillero comenzó a mirarme sin despegar su ojos de mí, me sonrojé y me sentía cohibida, pero yo no he hecho algo para sentirlo, además él no es nada para mí, entonces ¿por qué me sentía así cuando el me miraba?, todos los chicos de la clase me miraban también y a mi no me pasaba nada, ¿por qué con él si?, era extraño y difícil de comprender. La profesora me vio nerviosa y entonces preguntó:
- ¿Le ha gustado el colegio?
- Si…si…e…es…her…es hermoso - ¡CLARO! ¿Y desde cuando soy tartamuda? Aquel chico se reía de mí, yo sólo estaba roja de la vergüenza.
- Usted señor young, ¿De qué se ríe? –Pregunto molesta la profesora. Ahí supe que su apellido era young, pero ¿su nombre?, aquel chico me llenaba de curiosidad.
- Nada, Nada –Respondió él.
Al terminar la clase salí rápidamente sin mirar al frente y choqué con el chico “young” del casillero, ¡QUÉ TORPE SOY!
- Lucas, ten cuidado con la chica nueva- Le gritaron desde lejos de una forma sarcástica y burlesca. Por lo menos ahora sabía su nombre.
Llegué a mi casa, saludé a mi madre y subí a mi habitación, me tiré en la cama y la imagen de aquel chico “Lucas Young” llegaba a mi mente todo el tiempo, era inevitable. ¿Qué me ocurría con él?, pero si se suponía que nos odiábamos mutuamente por el estúpido casillero, aunque ¿Qué culpa tenía el casillero?, todo era culpa de Lucas que se comportó como un tonto sin ni siquiera conocerme, además él era un chico como cualquier otro, pero mucho más imbecil, ¿qué se ha creído?, a veces me pregunto si la estupidez es una forma de atracción.
Al día siguiente me desperté con ganas de llegar al colegio e ignorar a Lucas por completo, sin miradas ni palabras, nada para él, no se merecía mi atención. Llegué al colegio, entre al salón y ahí estaba él, nos ignoramos mutuamente, estuve toda la clase concentrada y ni me percaté de Lucas, pensaba en que en este colegio la gente era muy distinta a mí, nadie se interesaba por hablarme, yo tampoco le hablaba a ellos. Al terminar la clase quise salir rápidamente, pero al ver a Lucas en la puerta me puse muy nerviosa, caminé mirando hacia cualquier lado y me tropecé con una mesa, haciendo que cayera sobre Lucas y quedando frente a frente con él, nunca habíamos estado tan cerca, mirándonos fijamente a los ojos, nuestros labios a pocos centímetros de distancia, ninguno de los dos reaccionaba, ambos estábamos mudos, en ese momento me cuestionaba si acaso era más fácil hablarle con las miradas. Lucas rompió el silencio y dijo:
- ¡Hey! Te más cuidado, realmente deberías usar anteojos – ¡ay! ¿por qué tiene que ser tan odioso?
- Disculpa…
- ¡Casi me botas! –elevó su tono de voz.
- Pues, disculpa, pero ¿qué es lo que te pasa conmigo?, ¿te he hecho algo? –La verdad no sé de donde saqué el valor para hablarle así- ¿por qué me odias?
Lucas se quedó mudo y se fue sin responder, seguramente no esperaba esa reacción de mi parte, pero ¡por qué es así!, se fue sin decir palabra alguna, ¿será así de odioso con todos?, creo que no, porque veo que tiene muchos amigos, entonces ¿por qué se comportaba así conmigo?
Seguí caminando por los pasillos y un chico que era amigo de Lucas se me acercó y me habló.
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