sábado, 30 de octubre de 2010

Capitulo 1.


Me levanté sin ganas, en esta ciudad desconocida, para ir camino al nuevo colegio ubicado a dos cuadras de mi nueva casa. El colegio era muy lindo, bastante grande, de color café y con una estructura muy particular, parecía ser construido hace poco tiempo. Entré y todos fijaban sus miradas en mi, en ese instante supe lo que se siente ser “la chica nueva”, caminé hacia los casilleros y el Mio era el numero 81 (según el papel que me dieron), no lograba abrirlo, empecé a golpearlo un poco, porque quizás así se abriría, pero nada pasaba. Un chico se estaba acercando a mí, pensé en que seguramente me ayudaría, pero hizo todo lo contrario.
-         Hey!  ¿Por qué golpeas mi casillero?, ¿Qué te ocurre?
-         ¿es tu casillero? -pregunté con voz tímida- Este papel indica que éste sería el mío.
-         ¿Estás ciega o qué? En ese papel dice claramente “casillero 87”
-         UPS! Perdón, confundí los números
-         Deberías ir a un oculista –Parecía estar bastante enojado conmigo por su tono de voz- Ahora vete y déjame en paz
-         Adiós- respondí un tanto asustada y confundida.
   Lo único que en ese momento quería era que la tierra me tragara viva, la vergüenza me consumía por dentro, pero ¿qué le pasaría a aquel chico?, me causo la impresión de que me odiaba sin ni siquiera conocerme, esperaba no volver a verlo.
   Fui a clases y al entrar al salón vi al chico del casillero que reía junto a sus amigos, al verme me miró con desprecio, yo sólo camine cabeza gacha hacia el único puesto vacío, en el cual me senté. La clase comenzó y no lograba concentrarme, miraba a aquel chico porque algo de él me llamaba la atención, a pesar de sus desprecios no podía dejar de mirarlo. Él tenía su pelo castaño claro y tan lizo que parecía que jamás se enredaría, medía aprox. Un metro setenta y cinco, sus ojos eran verdes como él pasto perfecto de los estadios y con un brillo característico que me cautivaba, su sonrisa era simplemente perfecta, sus dientes eran muy blancos, casi como la nieve, sus labios eran anchos como a toda chica le gustan y su rostro era delgado con un tono claro, pero no pálido. No dejaba de pensar en que cuando el hablaba y/o me miraba yo sentía que lo odiaba desde siempre, pero cuando estaba en silencio con su cuerpo casi inmóvil, no podía parar de mirarlo.
      La señora Stella, que era la profesora, me hizo pasar adelante para presentarme a toda la clase.
-         Señorita Ramírez, pase por favor a presentarse.
Mi cuerpo tiritaba entero, temía hacer el ridículo y que aquel chico del casillero se burlara de mí, pero pasé igual, pues tenía que hacerlo.
-         Mi nombre es Isidora Ramírez, vengo de Talca, porque mi padre fue trasladado por asuntos de trabajo a esta ciudad, santiago. - ¡Sí! Las palabras salieron perfectamente, pensé.
-         Señorita Ramírez, he visto sus calificaciones, es usted una excelente alumna
-         Gracias –Respondí Alegre.

   Aquel chico del casillero comenzó a mirarme sin despegar su ojos de mí, me sonrojé y me sentía cohibida, pero yo no he hecho algo para sentirlo, además él no es nada para mí, entonces ¿por qué me sentía así cuando el me miraba?, todos los chicos de la clase me miraban también y a mi no me pasaba nada, ¿por qué con él si?, era extraño y difícil de comprender.